Antes que nada, ofrecer una disculpa a todos los lectores, porque yo, a pesar de que me dedico a escribir sobre futbol, no tuve la oportunidad de ver el Clásico de Clásicos: Chivas vs América. Aquel 25 de otubre, fecha cada vez más distante, mientras mucha gente asistía al estadio o desde su televisor contemplaba el partido, yo, sin querer queriendo, ví otro partido de futbol.
Yo ví, por el canal de las estrellas, el partido de América vs Necaxa; a mí nadie me engaña. Seguro este es un complot mundial en contra del futbol mexicano, pero desde hace algunas jornadas, las chivas bajaron a la Liga de Ascenso y son comandadas por un elemento de la vieja guardia, Omar Arellano Nuño.Y nos las cambiaron por el Necaxa, dirigidas por su emblemático y gris Raúl Arias; total, son los mismos colores en la playera.Y así se desarrolló el partido, como un duelo de hermanos, donde el hermano mayor mostró su superioridad pero por cuestiones de sangre y de familia no quiso masacrar al hermano menor: demostró que podía hacerlo y, por amor, perdonó, dejando en claro que pudo haber hecho mucho más.
Me parece que el partido del domingo fue, de plano, una grosería; un insulto, una blasfemia. Me pregunto qué dirán todos aquellos jugadores de antaño que se rompían el alma en la cancha para masacrar sin misericordia alguna al odiado rival y poner en alto el nombre de la playera que se porta. Me pregunto qué pensarán de entrenadores de la minúscula talla de Chucho Ramirez y Raúl Arias que, sin justificación alguna, le escupieron a una larga historia por culpa de su ignorancia y falta de sensibilidad al entorno.
Esta y no los resultados es la prueba fidedigna de que a los dos entrenadores les queda muy grande la camiseta. Me cuesta trabajo entenderlo, pero en el futbol actual, producto quizá de su abusiva mercantilización, el futbol ha perdido el amor a la camiseta; ya nadie siente los colores de la playera que porta. Qué lejos estamos de ver a un “Matador” Hernández rompiéndose el alma en cada partido, en cada jugada. ¡Qué lejos estamos de otro Cuauhtémoc blanco que, a sus 37 años, sigue sudando igual cualquier camiseta! Hoy la nueva camada de jugadores se regodea y revuelca en su jugoso contrato; en los comerciales que pueda llegar a hacer. Y que a mí no me vengan con payasadas. Podría jurar que técnicamente los jugadores mexicanos han evolucionado y son mejores que antes, pero ya no tienen la garra y el espíritu de luchar; a final de cuentas, toda su técnica queda reducida a destellos de buen juego una vez al año.
El futbol está lejos de la buena mística, de la entrega y de la pasión. Ni la Selección es motivo suficiente para sentirse orgulloso. Pero no sólo al jugador le sucede eso, también al técnico. Ahí está Arias y Ramirez. Ya no sienten la rivalidad; es un partido mas y se juega como si fuese el Querétaro o el Atlante: sin pasión, sin lucha. El Clásico ya no es el Clásico. El Clásico vive de su historia, del pasado, de otros jugadores y técnicos que sí estuvieron a la altura. De aquellos que aunque fuesen ganando 4-0, pensaban que lo más justo y conveniente era meter otros 10 goles si se podía, porque esa era la forma de responderle al odiado rival, porque tú sabías que si él podía, también deseaba con todo el corazón meterte 20 goles. ¿Meter un gol a los 3 minutos y defenderlo 87? Por favor, eso es de mediocres. ¿Salir a aguantar el 1-0 tratando de evitar el 2-0 y no buscando el empate y luego la victoria? Eso también es de mediocres.
Me pregunto si algún día esos que mandan en los equipos en lugar de andar haciendo una campaña mediática en torno al muerto clásico, se preocupan por escoger gente que valga la pena para dirigir y jugar estos encuentros, para mí el clásico, las chivas y el américa, ya murieron; que les pongan su ofrenda con especial dedicatoria a Ramirez, Arias y los que le firman los cheques. En verdad, no me interesa ver un pollo quemándose ni a Memo Ochoa con Magallón; yo quiero ver el futbol de verdad.
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