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guzman2okPor: El Rayo

Dicen que allá por los años 80, había dos chavos que buscaron la oportunidad en Tigres y no les abrieron la puerta.

Uno de ellos, en Rayados, lo intentó y le dieron la oportunidad, pero no pudo hacer gran cosa.

Uno se llama Héctor Gutiérrez, le decían “PeeWee”, por chaparrito, hijo de un ex dirigente estatal de la CNOP, ex director de la Policía estatal de NL y del centro tutelar para menores, don Héctor M. Gutiérrez. De hecho, Héctor fue también comisario de la FMF e inspector autoridad en el estadio Universitario, si mal no recuerdo, sucesor de Catarino Juárez, por muchos años.

El otro se llamaba –de hecho, creo que se sigue llamando igual– Sergio Almaguer.

Y sí, les abrieron al final la puerta, pero para que se fueran…
A ellos se les unió otro jugador espigado, larguirucho, con nombre de corrido: Gerardo González.

Un chavo que a sus 15, 16 años, jugaba para un equipo llamado Banamex, en el Río Santa Catarina, cuando el escribidor éste hacía sus pininos con silbato y tarjetas, antes de coquetear con el arbitraje profesional.
Don Poncho Portugal, a la sazón, suegro de Hugo Sánchez, los había visto en Tigres y les abrió la puerta en Ángeles de Puebla. A Gerardo y a Sergio; Héctor se quedó en Rayados.

Sergio comenzó a hacer goles como si de ello dependiera su vida. Gerardo comenzó a mostrar su clase como mediocampista, fino para manejar el esférico y con visión para tocar, filtrar y poner los trazos donde hacía falta; luego hallaría cancha en La Franja donde jugó varios años.

A Sergio lo “descubrió” un equipo “grande”, llamado Tigres y un buen día deciden dar el campanazo de la temporada (así como alguna vez fue Tiba, el fichaje del año) y comprar a Almaguer en la trasferencia más alta de ese draft.

O sea, era suyo… lo dejaron ir, luego lo compraron.

Probablemente tenerlo aquí y hacerlo jugar no era negocio, pero comprarlo y que “alguien” se llevase una jugosa comisión, sí lo era. Probablemente, dije.

Así se hacían los negocios en Tigres en ese tiempo.

No tuvo mucha fortuna Sergio en Tigres, pasó a Necaxa y Cruz Azul, luego al futbol europeo, pero ya como un elegante defensa central.

Y este cuento, viene a colación porque un equipo guadalajareño está haciendo lo mismo.

Hay un jugador, que en Monterrey (Tigres y Rayados lo recuerdan por igual) es muy recordado.

En una Final Rayados-Pachuca llegó al minuto 93 y monedas, metió un frentazo seco hasta el fondo de las redes y se acabó la música. Y a llorar. Las camisetas de ‘Rayados Campeones’ tuvieron que mandarlas incinerar porque no iban a servir, ni para lavar carros.

Víctor Guzmán era de Chivas.

Al entrenador y a un directivo (ambos con el mismo apellido) no les gustó el tatuaje de Jesucristo que porta Guzmán en el brazo derecho y dejando por un lado su futbol, argumentaron su piel tatuada para correrlo. Lo regalaron a los Tuzos por una bolsita de canicas, un balero y tres estampitas de luchadores.

Hoy, están dispuestos a pagar unos 5 millones de dólares por un jugador que lleva 8 goles, es el mejor artillero mexicano de la LIga, entre cinco o seis sudamericanos.

Un jugador que era suyo… y ahora quieren comprar.

Así se hacen negocios en el Guadalajara…

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